UNA HISTORIA DE HEROISMO Y DE PERDÓN

Es la historia de una niña de once años, que sufre un intento de violación y es asesinada por un muchacho, al que le perdona y le  desea «que vaya al Paraíso». Tras 27 años de cárcel, el asesino, Alessandro Serenelli,  ingresará en un convento, y morirá con fama de santidad.

Un 5 de julio, con una escusa, retiene a María Goretti en la casa e intenta violarla.  Ante la resistencia de la niña, clava en ella un punzón catorce veces.

¿Hay algo más  actual que la defensa desesperada de una niña ante la agresión brutal de un  violador? ¿Y acaso hay alguien -sea cual sea su fe o su incredulidad- que hoy,  sobre todo, no perciba la nobleza vertiginosa de las últimas palabras de la  agonizante: «Decidle a Alessandro que no sólo le perdono, sino que ofrezco mi muerte para que el Señor lo lleve conmigo al Paraíso»?

Aquella misma Iglesia que había elevado a la víctima a la gloria de los altares, acogió  con  amor de madre también al homicida y  lo guió por los senderos humildes del rescate y de la redención.

Hay algo de misterio en el instinto que, inmediatamente, impulsó a las multitudes a invocar la ayuda de esta oscura
pequeña que, por su parte, respondió a las invocaciones con una auténtica lluvia de gracias.

El santuario de Nettuno, donde yacen los restos de María Goretti se encuentra  entre los más frecuentados por multitudes que aumentan continuamente, y que provienen de todos los continentes

Cuando el 24 de junio de 1950 Pío XII procedió a su canonización, la Plaza de  San Pedro estaba abarrotada de una multitud inmensa que nadie había organizado y que había acudido, festiva, espontáneamente. Y nadie, a no ser el instinto de la fe, conduce hacia el santuario de Nettuno a las grandes masas que concurren allí continuamente.

Pío XII, papa

homilía pronunciada en la canonización de santa María Goretti (AAS 42 [1950], 581-582)

De todo el mundo es conocida la lucha con que tuvo que enfrentarse, indefensa, esta joven adolescente; En aquellos momentos de peligro y de amenaza, podía repetir al Señor: «Si me veo tentada y zarandeada por muchas tribulaciones, nada temo, con tal de que tu gracia esté conmigo. Ella es mi fortaleza; ella me aconseja y me ayuda. Ella es más fuerte que todos mis enemigos». De modo que fortalecida por la gracia del cielo, a la que respondió con una voluntad fuerte y generosa, entregó su vida, sin perder la gloria de la virginidad.

En la vida de esta humilde joven, podemos contemplar un espectáculo digno de admiración y veneración para los hombres de nuestro tiempo.

Aprendan los padres y madres de familia lo importante que es el que eduquen a los hijos que Dios les ha dado en la rectitud, la santidad y la fortaleza, en la obediencia a los preceptos de la fe católica, para que, cuando se halle en peligro, salgan de él victoriosos, íntegros y puros, con la ayuda de la gracia divina.

Aprendan los jóvenes a no abandonarse lamentablemente a los placeres efímeros y vanos, a no ceder ante la seducción del vicio, sino, por el contrario, a luchar con firmeza, por muy arduo y difícil que sea el camino que lleva a la perfección cristiana, perfección a la que todos podemos llegar tarde o temprano con nuestra fuerza de voluntad, ayudada por la gracia de Dios, esforzándonos, trabajando y orando.

No todos estamos llamados a sufrir el martirio, pero sí estamos todos llamados a la consecución de la santidad. Pero la santidad requiere una fortaleza que, exige, un esfuerzo durante toda nuestra vida. Por esto, semejante esfuerzo puede equipararse a un lento y continuado martirio, al que nos invitan aquellas palabras de Jesucristo: El reino de los cielos se abre paso a viva fuerza, y los que pugnan por entrar lo arrebatan.

Animémonos todos a esta lucha cotidiana, apoyados en la gracia del cielo; que nos sírva de estímulo la santa virgen y mártir María Goretti; que ella, desde el trono celestial, donde goza de la felicidad eterna, nos alcance del Redentor divino, con sus oraciones, que todos, cada cual según sus peculiares condiciones, sigamos sus huellas con generosidad, con sincera voluntad y con auténtico esfuerzo

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