Si me falta el amor, nada soy

Soledad-2

Ante Dios, sólo tienen valor, los actos que hacemos por amor a Él. Todo lo que hacemos por otros motivos no tienen valor sobrenatural, no son agradables a Dios. Todo lo que hacemos por motivos puramente humanos no tiene valor sobrenatural y no sirven para alcanzar la vida eterna. Aunque desde el punto de vista humano, un acto tenga un enorme valor, si no está realizado por amor a Dios, no tiene valor sobrenatural. Esto lo dice claramente el apóstol San Pablo en su primera carta a los Corintios: “Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad (es decir, el amor a Dios), nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha”. La acción más grandiosa, más admirable, más extraordinaria que pudieramos imaginar en el orden natural y humano, pero hecha sin que su motivo sea el amor a Dios, no tiene para Él valor en absoluto. En cambio la acción más sencilla y más pequeña, si está hecha con mucho amor a Dios posee un valor tan alto y agradable a Dios como la intensidad con la que se ama.

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