El amor hace grande lo pequeño

0ae6c54c6d07599d266fda31524edb81

Qué distinta es la mirada de Dios de la mirada de los hombres. Dios mira el corazón y no las apariencias. Hay quienes a los ojos de los hombres realizan grandes cosas, llevan a cabo acciones heróicas, geniales, admirables, extraordinarias. Si no están hechas por amor a Dios, no tienen ningún valor sobrenatural. En cambio la persona más miserable, el más desprovisto de cualidades humanas, el más rechazado y despreciado, puede vivir en su interior la misma vida divina y sus pobres acciones hechas por amor a Dios son ante Él de un inmenso valor. Nosotros solo vemos los actos exteriores. Sólo Dios ve el corazón y los motivos más profundos de nuestros actos.

Hemos de hacerlo todo por amor a Dios, siguiendo el consejo que nos da San Pablo: ya comáis, ya bebáis, hacedlo todo por amor a Dios. Todos nuestros pensamientos, palabras y obras deben tener como intención el amor a Dios y el amor al prójimo como Jesús nos ha amado. Sólo el amor confiere valor divino a nuestras acciones. Una acción cualquiera será tanto más agradable a Dios cuanto se realice con más amor a Dios. Comprendemos entonces como María, la Madre de Dios, llevando la vida sencilla y humilde de madre y esposa, realizando las tareas cotidianas del cuidado de José y Jesús, agradaba más a Dios que todos los actos más extraordinarios, más admirables y magníficos de la historia entera de la humanidad. Porque María hacía todo con el amor más grande e intenso con el que una criatura puede amar a Dios.

GuardarGuardar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s