Dejarnos abrazar por Dios

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La oración es un deseo de Dios, una inefable piedad, no otorgada por los hombres, sino concedida por la gracia divina, de la que también dice el Apóstol: Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

Tampoco la meditación se identifica con la oración. Considerar en nuestra mente una serie de imágenes o ideas, pensamientos, sentimientos o afectos que conciernen a Dios y a nuestra relación con Él, también es un medio, pero no la oración en sí. Podemos orar meditando. Es decir, podemos servirnos de la meditación para hacer oración. Y debemos usar con frecuencia este medio, como también debemos usar el medio de la recitación de ciertas oraciones. Pero debemos darnos cuenta de que son eso: medios para orar. La oración es dirigir la mirada interior del alma a Dios. Y ¿en qué consiste eso? ¿Cómo se dirige la mirada interior del alma a Dios? Dirigir la mirada interior del alma a Dios consiste en un acto permanente que implica la fe, la confianza y el almor a Dios desde lo más profundo de nuestro ser, de nuestro corazón. Se trata por eso de un estado del alma por el que nos sumergimos en Dios; dejamos que Dios sea el que nos envuelve y nos rodea. Nos abandonamos y nos dejamos abrazar por Dios, descansamos en su regazo como un niño en brazos de su madre. 

Orar es hacer caso a Jesús que nos ha dicho: “Venid a mí los que estais cansados y agobiados y encontraréis vuestro descanso”. Orar es estar con el alma puesta en el Señor. Es reclinar nuestra cabeza en el pecho del Señor y escuchar los latidos de su Corazón, como hizo San Juan en la Última Cena. ¡Cuántas veces hizo esto la Virgen María, al igual que San José! Por eso, María y José son los mejores maestros de oración. Ellos son quienes mejor pueden enseñarnos a orar, de quien mejor podemos aprender. Nuestra unión con María y José nos permitirá ser almas de oración, almas contemplativas. Hay una oración a María en la que se le pide que nos guarde “en el cruce de sus brazos” es decir, como el niño está protegido en el regazo de su madre. También la letra de una canción mariana dice: “Quiero Madre en tus brazos queridos, como niño pequeño dormir, y escuchar los ardientes latidos de tu pecho de Madre nacidos que laten por mí”. Bueno, pues esto es y en esto consiste la oración.

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