Los planes de Dios y los nuestros

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A veces, demasiadas veces, nos cansamos porque Dios no se comporta como nosotros pensamos que debería comportarse. Nos hemos hecho una idea de Dios y nos disgusta que Dios no responda a esa idea. Eso tiene un nombre: soberbia. Pero ¿acaso sería Dios el Inmenso, el Ser Absoluto, el Infinito, el Eterno, si nuestra mezquina mente pudiera hacerse una idea adecuada de Él? Acaso no nos ha dicho Dios: “mis caminos no son vuestros caminos, mis pensamientos no son vuestros pensamientos”. Nos equivocamos muchas veces. Queremos que Dios haga lo que nosotros pensamos que debería hacer. Así se equivocó San Pedro cuando al decir Jesús que iba a Jerusalén donde iba a ser azotado, escupido y dónde lo iba a morir crucificado, se lo recriminó diciendo que eso no podía ser de ninguna manera. Pedro se lo había llevado un poco a parte de donde estaban los demás para que no vieran que estaba regañando al Maestro por lo que acababa de decirles. Sin embargo, para dar una enseñanza que no olvidaran nunca, Jesús tomó a Pedro lo llevó ante los demás apóstoles y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no piensas como Dios sino como los hombres”. Con muy buena intención, con gran cariño quiso Pedro apartar al Señor de cuanto había dicho de su pasión y muerte en la cruz porque no era esa la idea que Pedro tenía del Mesías, la idea que Pedro tenía sobre cómo Jesús debía de salvarnos. Y Jesús le hace ver a él y a todos los demás apóstoles que nos equivocamos pretendiendo que sean nuestros planes y nuestras ideas las que se impongan a lo que Dios quiere.