Dios, en cierto modo, se ha hecho débil

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Dios, de alguna manera, podría decirse que se ha hecho débil al crear a seres libres. El hecho de nuestra libertad es un misterio insondable. Porque una vez que ha hecho a un ser libre, una vez que ha dado voluntad propia a alguien, siempre existe el riesgo de que ese ser, en vez de elegir su bien y su felicidad reconociendo a Dios, amándolo y dándole gloria, se niegue a hacerlo. La libertad no se puede forzar. Nadie puede obligar a otra persona a que la ame. El amor es por su propia esencia algo gratuito. Se da porque se quiere. No puede haber nada ni nadie que me obligue a amar a otra persona, ni siquiera a Dios. Desde luego hay infinitos motivos para que le ame, pero sólo le amaré si yo quiero. Si no quiero amarle puedo negarme a ello aún cuando eso suponga mi perdición, el tormento y el sufrimiento eterno, la mayor infelicidad y amargura, el vacío y la angustia más insoportable.

En una ocasión leí en algún sitio la satisfacción con la que un adolescente incomodaba y desconcertaba a un anciano sacerdote con intención no exenta de cierta chanza y regocigarse en los aprietos del pobre cura planteádole la siguiente cuestión: ¿Podría Dios, siendo Todopoderoso hacer una piedra tan pesada que ni Él mismo pudiera levantarla? El joven, añadía argumentando que en el caso de que no pudiera hacerla, entonces habría que concluir que Dios no es Todopoderoso. Pero si decimos que si que puede hacerla, entonces tampoco sería Todopoderoso porque una vez hecha, el mismo Dios no podría levantarla. Pues bien, este es el misterio de la libertad humana. La libertad humana vendría a ser esa piedra. Una vez que Dios ha hecho a una criatura libre, no puede forzar su libertad. En realidad, lo que sucede es que Dios al crear a una criatura libre ha querido no forzar su libertad. Esto no cuestiona en el poder absoluto de Dios. Pero no es ahora el momento de detenernos en complejas explicaciones filosóficas y teológicas.

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El Cielo existe. Ha sido hecho para ti

El Cielo es real

Si el fin de nuestra existencia es la vida eterna, la felicidad sin fin de estar con Dios, gozando con Él de su alegría infinita y perfecta, lo primero que tendremos que plantearnos quienes queremos ser cristianos, vivir la vida cristiana, es precisamente si es esto lo que buscamos y procuramos por encima de todo, con todo empeño y por encima de cualquier otra cosa. Porque si no es así, entonces, no seremos de verdad cristianos. Si alcanzar la vida eterna y el amor de Dios no es el fin principal y fundamental de nuestra vida y al que todo lo demás está subordinado, entonces no nos hemos enterado aún de qué es ser cristiano.

Es muy fácil que haya quien confunda ser cristiano con ser simplemente una buena persona, una persona que procure hacer el bien y evitar hacer el mal. Pero eso, siendo algo estupendo no es ser cristiano. Es muy fácil que algunos cristianos confundan la vida cristiana añadiendo a lo anterior realizar algunas oraciones o algunas prácticas religiosas. Tampoco esos se han enterado bien de qué es ser cristiano. Hay incluso cristianos que piensan que al final, Dios es tan bueno y misericordioso que perdonará a todos cualquiera que sea el mal que hayan hecho en este mundo y que todos iremos al Cielo. Desde luego ese pensamiento tranquiliza mucho, pero no es eso lo que Jesucristo ha enseñado ni lo que dice en el Evangelio.

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