¿Prohibirlo o que sea legal, seguro y gratuito?

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Siempre que se trata la cuestión o se pretende sensibilizar a la opinión pública sobre la necesidad de acabar con esa práctica que atenta contra la mujer y contra su cuerpo se escuchan argumentos bastante contradictorios. 

Por supuesto que lo ideal sería que tal práctica no se lleve a cabo y para ello es fundamental tomar medidas educativas como prevención. Pero la realidad es que siempre se ha dado, se dá y se dará esa práctica y las mujeres que están dispuestas a hacerlo lo van a hacer. Como consecuencia muchas mujeres quedan gravemente dañadas y ponen en riesgo sus vidas. Hay que sacarlo de la clandestinidad, hay que legalizarlo, hay que ofrecer garantías sanitarias seguras y sin riesgos. 

Estamos ante un problema de salud mundial. Por poner un ejemplo, hay estadísticas de 2016 que indican que en Sudán el 87 por ciento de las mujeres y las jóvenes entre 15 y 49 años han recurrido a esta práctica. Además, en muchos países hay médicos que se lucran con esta práctica para compensar los bajos ingresos en el desarrollo de su actividad. No obstante, el precio para las víctimas es, indudablemente, muchísimo más alto, ya que algunas lo tienen que pagar con su salud física e incluso con su vida.

No se entiende que haya quienes se oponen a su legalización alegando que es una práctica asesina e inmoral, algo totalmente inadmisible y que su legalización en vez de conseguir que disminuya tal práctica la acrecentará. Más aún son partidarios de una prohibición total y de sancionar con penas de cárcel a los autores.

A quienes afirman tales cosas hay que decirles que su negativa no aporta solución alguna y que solo contribuye a que se sigan realizando de forma clandestina con falta de instrumental adecuado y en condiciones sanitarias inadmisibles.

Al estar criminalizada tal práctica, las mujeres quedan estigmatizadas frente a la sociedad, son consideradas como si realizaran una acción criminal, un delito perseguible y que acarrea penas de prisión. No se dan cuenta de que la mujer en esos casos está tomando una decisión que hay que respetar aún cuando uno no esté de acuerdo con ella.

Además, legalizar tal práctica no supone obligar a nadie a realizarla. Quien quiera hacerlo que lo haga y quien no quiera no lo hace y punto. ¿Por qué empeñarse una parte de la población en prohibir e imponer sus criterios morales a la otra cuando a nadie se le obliga a realizarlo? De lo que se trata de es de dejar libertad y respetar la decisión de la mujer.

Por todo ello se entiende que haya mujeres que hayan dicho basta y salgan a la calle a reivindicar: MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA, LEGAL, SEGURA Y GRATUITA.

Parece absurdo, ¿verdad? Pues sustituyamos MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA por ABORTO, y constataremos la verdadera agresión contra la mujer que pretenden quienes defienden el aborto.

Esto no lo verás hoy en las noticias de TV

Los medios de comunicación se hacen eco de 20 locas que enseñan las tetas frente a la Catedral de San Sebastián en protesta por unas declaraciones del Obispo Munilla y todas las cadenas de TV lo sacan en sus noticias.

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Lo mismo sucede cuando un grupo de feministas agresivas protestan o se encadenan en una protesta de cualquier índole. A las feministas radicales, a los movimientos LGTBI, a los agitadores que queman contenedores, rompen cristales de escaparates se les saca en TV como si fueran miles y a los que se les justifica y entiende porque sus reclamaciones no pueden ser desatendidas. La manipulación de los medios de comunicación es vomitiva. Menos mal que contamos con las redes sociales. Por eso te animo a que difundas esto. Porque esto no lo verá nadie en TV.

Más de dos millones de personas se manifiestan en Argentina en Buenos Aires y en más de 195 ciudades de toda la nación en favor de la vida y contra el aborto.

Marcha en contra de la ley de aborto 25/03/18
Foto Mario Quinteros

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AFIRMACIONES FALSAS DE LOS PARTIDARIOS DEL ABORTO

Resulta realmente sorprendente la ceguera de aquellos que acusan a quienes defienden el derecho a la vida de aferrarse a creencias religiosas en vez de a cuestiones científicas. En cambio, cuando dicen que en el comienzo lo único que hay es un conjunto de células pero no un ser humano, lo que hacen ellos es negar lo que dice la ciencia. Esa negación sólo se hace ideológicamente y negando la evidencia de la genética y la embriología.

¿Cuál es el resultado de la concepción? ¿Hay o no hay un nuevo ser humano desde el primer momento de la concepción? Dejemos que responda la ciencia.

Genetistas y biólogos internacionalmente reconocidos han atestiguado que la vida de un nuevo individuo comienza en el momento de la concepción. En 1981 (abril 23 y 24) un subcomité judicial del Senado de Estados Unidos tuvo audiencias sobre esta cuestión: ¿Cuándo comienza la vida humana? Los siguientes doctores atestiguaron:

El Dr. Hymie Gordon, Director del Departamento de Genética de la Clínica Mayo, dijo: “Según todos los criterios de la biología molecular moderna, la vida individual está presente desde el momento de la concepción”.

El Dr. McCarthy de Mere, Doctor en medicina y profesor de leyes en la Universidad de Tennessee, testificó: “El momento exacto en que comienza a formarse el cuerpo humano y comienza a existir un nuevo individuo humano, es el momento de la concepción”.

El embarazo es el proceso gestacional, que comprende el crecimiento y desarrollo dentro de la mujer de un nuevo individuo desde la concepción, a través de los períodos embrionarios y fetales, hasta el nacimiento. (Mosby’s Medical, Nursing and Allied Health Dictionary, KN Anderson, St. Louis [Missouri] 1998. 1309).

Y para que vean que no tomo bibliografía interesada copio lo que dice Wikipedia:

La fecundación, también llamada singamia, es el proceso por el cual dos gametos (masculino y femenino) se fusionan durante la reproducción sexual para crear un nuevo individuo con un genoma derivado de ambos progenitores. Los dos fines principales de la fecundación son la combinación de genes derivados de ambos progenitores y la generación de un nuevo individuo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Fecundación

Esto no son opiniones sino evidencias científicas. Afirmar que sólo hay un conjunto de células es para suspender en el colegio en la asignatura de biología.

ME GUSTARÍA SER ABORTISTA… PERO NO PUEDO

Me gustaría ser abortista. Sólo encuentro un inconveniente, uno solo, pero definitivo, para ser un verdadero abortista moderno, solidario, alegre y progresista. Este inconveniente es insalvable: resulta que está ya fuera de discusión que el fruto de la unión del hombre y la mujer es, desde la misma fecundación del óvulo, un ser independiente de su madre en cuyas entrañas se aloja. No es ni un quiste, ni una protuberancia, sino un ser distinto, un ser humano (imposible otra cosa) distinto de sus padres, con un código genético ya definido, y que no necesita más que dos condiciones para convertirse en un ser adulto: alimentación y paso del tiempo. No es ni siquiera un ser vivo necesitado de la metamorfosis para convertirse en adulto. Es un hijo, tal cual, que en el seno de su madre vivirá aproximadamente el noventa por ciento de su desarrollo completo, y el otro diez lo completará fuera del claustro materno.

Y eso es así, y no hay nadie dispuesto a discutirlo a menos que sea un ignorante espectacular y encima quiera exhibir su ignorancia en público. Ya me gustaría que no fuera así, y que no pudiera hablarse de matar un ser humano, sino de ‘interrumpir un embarazo’, porque eso me permitiría demostrar con toda nitidez hasta qué punto me conmueve la situación difícil de la mujer que ve peligrar su salud, o acaso su vida, como consecuencia de un embarazo que no quería, o la circunstancia dramática de una mujer violada y embarazada como consecuencia de la agresión salvaje, o la posición insostenible de la madre de un rimero de chavales que le piden inútilmente de comer. Si el aborto deliberado no consistiera en descuartizar a un ser humano -pequeñito, eso sí, pero un ser humano- sino en extirpar un grano, yo me pondría al frente de las manifestaciones abortistas.

Y no puedo ser abortista, con lo que me gustaría serlo, porque falsificaría de raíz mi presunto humanitarismo y, lo que es peor, porque me quedaría sin argumentos serios para ir contra la fabricación de jabón con los judíos sacrificados en los campos de exterminio nazis. Porque destruido el respeto a la vida humana, por sí misma, ¿dónde están ya las fronteras? ¿Por qué doce semanas, y no quince, o veinticuatro semanas de gestación? ¿Por qué antes de nacer? ¿Cuál es la diferencia, si hablamos en serio?

No he hablado para nada de religión, ni de creencias trascendentes. No necesito nada de eso para comprender que, aunque me gustaría mucho, no puedo ser un abortista, salvo que acepte el envilecimiento, la hipocresía o ambas cosas a la vez.

Ramón Pi (extracto del artículo http://www.albadigital.es/2009/05/18/vida/me-gustaria-ser-abortista/)Aborto cartel