Falta de humildad de quien se cree bueno

cuidado-con-la-soberbia

Demasiados cristianos piensan que son buenos porque no matan y no roban. Es una idea muy pobre de lo que supone ser cristiano. Es como si uno dijera que es un buen hijo porque no ha matado ni robado a sus padres. El amor a los padres no se puede medir así. Amar a los padres supone mucho más que abstenerse de hacerles graves daños. Amar a los padres implica respetarlos, manifestarles cariño, estar pendientes de ellos, ser agradecidos, cuidarlos, ayudarlos en todo lo que necesiten, etc. Pues con Dios mucho más. Ser un buen hijo de Dios no consiste en no matar y no robar. Consiste en amarlo con todo el corazón, con todas las fuerzas, con toda el alma, con todo el ser. Y eso sólo será real si Él es lo primero que tengo en mi mente al levantarme cada día y a quien dedico mi último pensamiento cada noche. Amar a Dios así supone desear continuamente agradarle en todo, buscar momentos para estar a solas con Él contándole todas mis cosas, mis alegrías y preocupaciones, mis dificultades y mis esfuerzos, mi relación con los demás, especialmente con los más próximos.

 

Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad:

1. Pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás;

2. Querer salirte siempre con la tuya;

3. Disputar sin razón o —cuando la tienes— insistir con tozudez y de mala manera;

4. Dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad;

5. Despreciar el punto de vista de los demás;

6. No mirar todos tus dones y cualidades como prestados;

7. no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;

8. Citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;

9. Hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;

10. Excusarte cuando se te reprende;

11. Encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene;

12. Oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;

13. Dolerte de que otros sean más estimados que tú;

14. Negarte a desempeñar oficios inferiores;

15. Buscar o desear singularizarte;

16. Insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional…;

17. Avergonzarte porque careces de ciertos bienes…

Surco, 263