Sin orgullo LGTB

El mundo lésbico, según numerosas estadísticas, alberga algunas diferencias con el de los homosexuales. Hay estudios que sugieren que en las parejas de lesbianas hay más violencia interna, tanto física como piscológica. También es bien sabido que es frecuente entre las adolescentes albergar sentimientos románticos hacia otras chicas que desaparecen al crecer, algo más infrecuente entre los hombres. Y las estadísticas dejan bien establecido que en casi todos los países hay 3 homosexuales por cada lesbiana.

Pero las mujeres que desarrollan atracción por el mismo sexo, como los hombres, pueden vivir que esta atracción no les hace felices, y que la vida en los ambientes LGTB no les deja madurar en la felicidad y serenidad que desean.

Recopilamos a continuación 10 testimonios de mujeres que dejaron el estilo y las prácticas lésbicas y encontraron equilibrio y paz en la castidad o bien en el matrimonio con hombres buenos.

(Articulo completo)

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En los “estudios de género” cualquier estupidez tiene cabida con tal de que agrade a las feministas

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(Artículo de Daniel Rodriguez Herrera)

En 1996 el físico Alan Sokal logró que le publicaran en la revista posmoderna de estudios culturas Social Text, publicada por la Universidad de Duke, un artículo titulado La transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica, cuya conclusión es que la gravedad cuántica es un constructo social y que, por lo tanto, basta con no creer en ella para que te deje de afectar. Sokal argumentaba en el artículo que la existencia de “un mundo externo cuyas propiedades son independientes de cualquier ser humano individual” era “un dogma impuesto por la longeva hegemonía de la post-Ilustración sobre el punto de vista intelectual en Occidente”.

El mismo día de su publicación, el físico reveló que el artículo era un fraude compuesto por las frases más estúpidas que había podido recopilar de alumnos posmodernistas sobre física y matemáticas. Sokal consideraba que para publicar en una de esas revistas bastaba con disponer de una conclusión ideológicamente correcta (es decir, de izquierdas), un número suficiente de citas a autores como Derrida o Lacan y un uso abusivo de la jerga.

Ahora, el filósofo Peter Borghossian, de la Universidad Estatal de Portland, y el matemático James Lindsay han publicado en la revista Cogent Social Sciences un artículo en el que sostienen que el pene “está detrás de gran parte del cambio climático”. Firmando con los nombres ficticios Jamie Lindsay y Peter Boyle, pertenecientes al inexistente Grupo de Investigación Social Independiente del Sureste, el artículo titulado El pene conceptual como un constructo social ha sido publicado por la revista Cogent Social Sciences y revisado por Jamie Halsall, filósofo de la Universidad de Huddersfield, que ahora no debe saber dónde meterse.

Y es que el posmodernismo no desapareció después del escándalo Sokal, que es lo que debería haber sucedido en cualquier mundo intelectualmente sano. Sigue vivo y coleando porque aunque intelectualmente no se sostenga, ideológicamente resulta muy conveniente para la izquierda académica. Uno de los campos donde ha prosperado es el de los estudios de género, donde cualquier estupidez cuya conclusión guste a las feministas puede encontrar acomodo.

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Más pretensiones inaceptables de la “ideología de género”

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Otro supuesto ideológico de la Ideología de género: es una discriminación contra los homosexuales digna de sanción negarse a aceptar la visión de la sexualidad propia de la ideología de género y el concepto de persona LGTBI.

Tal pretensión es inconsistente conceptualmente e inaceptable jurídicamente. Los homosexuales -como los heterosexuales- son acreedores a todo el respeto que merecen como personas, pero sobre su conducta y estilo de vida se puede opinar. Como respetar a un socialista no implica tener que aceptar el socialismo o  como respetar la dignidad humana de un cristiano o de un musulmán no significa que todos deban afirmar la verdad del cristianismo o de la religión islámica. La conducta sexual, como la adscripción ideológica o religiosa, deben ser respetadas pero ese respeto no exige la adhesión deterceros a las opciones en libertad de aquel al que se respeta. Algo tan elemental es lo que rechaza esta ley que comentamos.

Por otra parte, es un hecho que no todos los homosexuales defienden la concepción de la sexualidad del lobby LGTBI, como lo es que muchos heterosexuales sí la defienden. Por lo tanto, no estamos ante un problema de derechos de los homosexuales, sino de negación del derecho a la libertad de quienes no comparten la ideología de género, sean homo o heterosexuales.

Opinar que la conducta homosexual no es el ideal moral personal  o lo contrario -como opinar lo mismo o lo contrario de la conducta heterosexual- forma parte de la libertad de pensamiento y no es discriminatorio contra nadie, sino expresión de la pluralidad de ideas que en esta materia hay, legítimamente, en nuestra sociedad plural. Algo tan elemental es lo que rechaza esta ley que comentamos.

Esta extensión gratuita e injustificada del concepto de discriminación es una de las mayores trampas de la ley que puede condicionar su aplicación y suponer un riesgo para las libertades públicas de todos. Si se interpreta –y así lo hacen las asociaciones LGTBI a las que la ley ampara y protege hasta darles un status paraadministrativo- que cualquier opinión discrepante sobre el valor moral o antropológico de la conducta homosexual es una discriminación, la libertad de opinión en materia de sexualidad se habrá acabado en España y será sancionable la transmisión de la vieja sabiduría de raíz cristiana sobre el hombre.

Un ejemplo de naturaleza oficial de la estrategia de imposición en la escuela de la ideología de género es el documento de 2015 aprobado por el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad que consta en la web de este Ministerio y lleva por título “Abrazar la diversidad: propuestas para una educación libre de acoso homofóbico y transfóbico”. Leyendo este documento se puede apreciar el tipo de estrategias que al amparo de las leyes que comentamos se pueden pretender imponer en las escuelas y se puede visualizar cómo la oposición a esos planteamientos resultará sancionable conforme a las normas de derecho sancionador de tales leyes si se interpretan en clave ideológica de género.

Imposiciones de la ideología de género (2ª imposición)

NO A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, CAP

Para la ideología de género hay una identidad sexual o de género de la persona que se identifica con ésta y que solo cada uno puede definir y tiene derecho a imponer a los demás como rasgo definitorio de su personalidad y que determina un status jurídico singular y distinto del propio del resto de seres humanos. Esta es la idea que subyace a la definición de persona del art. 3de la ley en sus apartados a) (definición de LGTBI),  b) (definición de persona trans), m) (definición de diversidad de género), o) (definición de terapia deaversión o conversión de orientación sexual e identidad de género), p) (definición de identidad sexual o de género) y q) (definición de persona intersexual).

Con más claridad aún lo define la ley 2/2016 de la CAM en sus art. 1.1 y 4.1 que dicen lo siguiente:
Art. 1.1: “Identidad sexual y/o de género(es): la vivencia interna e individual del género tal y como cada persona la siente y auto determina, sin que deba ser definida por terceros, pudiendo corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, y pudiendo involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido.”

Art. 4.1: “Toda persona tiene derecho a construir para sí una autodefinición con respecto a su cuerpo, sexo, género y su orientación sexual. La orientación, sexualidad e identidad de género que cada persona defina para sí es esencial para su personalidad y constituye uno de los aspectos fundamentales de su dignidad y libertad. Ninguna persona podrá ser presionada para ocultar, suprimir o negar su identidad de género, expresión de género, orientación sexual o características sexuales. En el ámbito de aplicación de esta Ley, en ningún caso será requisito acreditar la identidad de género manifestada mediante informe psicológico o médico.”

Esta es una teoría –la propia de la ideología de género- pero tan legítimas (al menos) son las que opinan lo contrario: que los seres humanos somos hombres o mujeres y que esta dualidad constitutiva se ve modalizada en su expresión en la vida real por nuestra libertad, nuestras pasiones, nuestra hormonas, nuestros criterios morales, nuestros cromosomas, el ambiente que nos rodea, etc.

La ley que comentamos hace suya la visión de la sexualidad y la persona propia de la ideología de género y sacrifica los derechos constitucionales de quienes no comparten esa ideología hasta límites insoportables jurídicamente, por esa asunción injustificada de una ideología particular con la que pretende identificar al ordenamiento jurídico y la actividad de las Administraciones públicas.

Imposiciones ideológicas de la leyes LGTBI (1ª imposición)

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Primera imposición ideológica: existen personas LGTBI que, como tales tienen derechos distintos a los del resto de las personas y esa singularidad se proyecta en un específico haz de obligaciones de los demás hacia esas personas LGTBI.

Esta idea subyace a toda la ley y así se define en el art. 4.1.b) de la ley madrileña que establece como “principio fundamentalque regirá la actuación de las personas físicas y jurídicas, públicas y privadas incluidas en su ámbito de aplicación” (que son según el art 2 “cualquier persona física o jurídica, pública o privada, cualquiera que sea su domicilio o residencia que se encuentre o actúe en el ámbito territorial de la Comunidad de Madrid”)el principio siguiente:

“b) Reconocimiento de la personalidad: toda persona tiene derecho a construir para sí una autodefinición con respecto a su cuerpo, sexo, género y su orientación sexual. La orientación, sexualidad e identidad de género que cada persona defina para sí es esencial para su personalidad y constituye uno de los aspectos fundamentales de autodeterminación, dignidad y libertad. Ninguna persona podrá ser presionada para ocultar, suprimir, negar o modificar su orientación sexual, expresión o identidad de género.”

Por su parte, el art. 3 define a las que denomina “personas LGTBI” y “personas trans”, apareciendo así un nuevo sujeto de derechos en nuestro Ordenamiento jurídico distinto del común de los mortales y cuya mera existencia genera una especial carga obligacional a todos los demás que se concreta en todos y cada uno de los artículos de la ley. En virtud del “principio de personalidad” del art. 4.1.b), estas personas LGTBI o trans ven configurada su opción sexual como parte de una identidad personal que se puede imponer a los demás con rango de derecho fundamental, digno de aprecio y apología pública y universal, hasta el punto de que discrepar de esa concepción de la persona o negarse a difundirla se convierte en conducta sancionable e ilegal.

Frente a este supuesto ideológico,se puede defender que la sexualidad personal (los propios deseos, conductas, afectos o pulsiones) son un ámbito de la libertad personal que no vincula a los demás en una sociedad libre. Cada uno puede hacer o sentir lo que quiera en materia sexual (con los límites del Código Penal) pero los demás tienen la misma libertad para considerar eso que uno hace o desea como bueno o malo, admirable o no, digno de ser visto o no, aceptable o no.

Los seres humanos tenemos los mismos derechos sea cual nuestra autopercepción de la sexualidad y nadie puede imponer a los demás como vinculante esa autopercepción, violando los derechos a la libertad de pensamiento, ideológica o religiosa en la materia. Algo tan elemental es lo que rechaza esta ley que comentamos.

Sobre la sexualidad se puede opinar en libertad; y, por tanto, también sobre la homosexualidad como sobre la heterosexualidad. Algo tan elemental es lo que rechaza esta ley que comentamos.

Desde el punto de vista de los derechos humanos no caben privilegios ni para los homosexuales ni para los heterosexuales, ni para los llamados LGTBI. Todos son seres humanos y gozan de los mismos derechos y obligaciones. Algo tan elemental es lo que rechaza esta ley que comentamos.

Pretender imponer a toda la sociedad desde la ley y con el apoyo de las Administraciones públicas la visión de la sexualidad del colectivo LGTBI es incompatible con un régimen de libertades, por mucho que se intente disfrazar como una nueva categoría de derechos humanos para unos pocos a costa de la libertad de los demás. Algo tan elemental es lo que rechaza esta ley que comentamos.

(Extracto de «Las leyes de privilegios LGTBI. El ejemplo de Madrid» elaborado por Benigno Blanco).

IDEOLOGÍA DE GÉNERO Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

El Estado y yo debemos respetar ellibre desarrollo de la personalidad de todos pero ni el Estado está obligado a difundir y exigir la adhesión de todos a la opción personal de cada uno ni yo estoy obligado a conocer ni a considerar digna de aprecio cada una de las opciones de los demás.

Yo no violo el derecho de nadie al libre desarrollo de su personalidad si su opción vital me parece inmoral o antropológicamente errónea; si me niego a que se explique en la escuela de mis hijos como admirable y digna; si me niego a conocerla (a que me la “visibilicen” por mandato legal); si me opongo a que se gaste dinero público en difundirla; si me opongo a que se sancione a quien no comparta esa opción. Al revés, si adopto esas posturas estoy defendiendo la libertad de todos.Sin embargo las leyes de privilegios para lo LGTBI afirman lo contrario respecto a la visión de la sexualidad de la ideología de género.

Por ejemplo, es un derecho humano mi libertad de expresión, pero lo que yo digo ejerciendo esa libertad no tiene categoría de derecho humano y puede ser criticado por cualquiera; no puedo alegar que no respeta mi libertad de pensamiento quien no se adhiere a mis ideas, siempre que no me prohíba expresarlas. Es un derecho humano la libertad religiosa, pero mi concepción religiosa particular en ejercicio de ese derecho no tiene por qué ser compartida por los demás, que respetarán mi libertad si no se oponen a que yo crea lo que quiera, pero sin que el respeto a mi derecho se extienda a que los demás tengan que creer o sr obligados a conocer lo que yo creo. Mi libertad de expresión intelectual o artística implica que yo escribo o pinto lo que quiero, pero no se extiende a que todo el mundo deba leer mis libros y ver mis cuadros y, menos aún, a que todos tengan que decir que les gustan mis libros o cuadros.Sin embargo las leyes de privilegios para lo LGTBI afirman lo contrariorespecto a la visión de la sexualidad de la ideología de género.

Yo tengo derecho a configurar mi sexualidad como quiera, pero esa libertad no se extiende a que los demás deban conocer necesariamente mis gustos sexuales ni menos aún a que deban decir que les parecen dignos de aprecio e imitación; y, aún menos, a pretender que mis opciones sexuales personales deban ser objeto de exposición obligatoria en todas las escuelas del país en clave positiva.

Aún más irracional sería mi pretensión de que los medios de comunicación  deban visibilizar obligatoriamente mis opciones sexuales y en clave positiva. Y ya sería el colmo si además pretendo que se sancione por la Administración a quien no exhiba mi estilo de vida sexual o a quien discrepe del mismo como digno de aprecio.Sin embargo las leyes de privilegios para lo LGTBI afirman lo contrariorespecto a la visión de la sexualidad de la ideología de género.

Yo tengo derecho al libre desarrollo de mi personalidad, pero eso no implica que yo tenga derecho a que la forma en que yo me autodetermino como persona libre sea presentada obligatoriamente a los demás como digna de ser conocida y, menos aún, como digna de aprecio y valoración positiva. Mi  derecho se respeta si se me deja organizar mi vida en libertad, pero yo estaría violando la libertad de los demás si pretendo que mi derecho de autodeterminación se extiende a que los demás deban estudiar y conocer mi estilo de vida y, además, a valorarlo como positivo. Mi pretensión sería aún más absurda si exijo como parte de mi derecho al libre desarrollo de mi personalidad que en todas las escuelas españolas mi opción personal se explique a todos los escolares y además presentándola como digna de aprecio obligatorio y negando el derecho a que quienquiera diga que le parece poco acertada  o poco recomendable o, al menos, que no es la ideal.Sin embargo las leyes de privilegios para lo LGTBI afirman lo contrariorespecto a la visión de la sexualidad de la ideología de género.

(Extracto del trabajo «Las leyes de privilegios LGTBI. El ejemplo de Madrid» elaborado por Benigno Blanco).

¿Qué es el feminismo radical?

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El feminismo radical es una corriente feminista que surge en Estados Unidos a finales de años 60 y continúa en la década de los 70 que sostiene que la raíz de la desigualdad social en todas las sociedades hasta ahora existentes ha sido el patriarcado, la dominación del varón sobre la mujer. Esta corriente se centra en las relaciones de poder que se organizan en la sociedad, construyendo la supremacía masculina, entre otras cuestiones debido al papel reproductivo del hombre y la mujer.1 Se denomina feminismo radical porque se propone buscar la raíz de la dominación.2

Las radicales identificaron como centros de la dominación patriarcal esferas de la vida que hasta entonces se consideraban “privadas”. A ellas corresponde el mérito de haber revolucionado la teoría política al analizar las relaciones de poder que estructuran la familia y la sexualidad; lo sintetizaron en un slogan: lo personal es político.3 Consideraban que los varones, todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal, pero en general acentuaban la dimensión psicológica de la opresión. Así lo refleja el manifiesto fundacional de las New York Radical Feminist (1969), Politics of the Ego, donde se afirma: Pensamos que el fin de la dominación masculina es obtener satisfacción psicológica para su ego, y que sólo secundariamente esto se manifiesta en las relaciones económicas.3

El feminismo radical hace hincapié en las relaciones de opresión entre los sexos.

El marco teórico del feminismo radical fue inspirado por dos obras fundamentales publicadas en 1970: Política Sexual, de Kate Millet y La dialéctica de la sexualidad, de Sulamith Firestone, obras que acuñaron conceptos fundamentales para el análisis feminista posterior, como patriarcado, género y casta sexual.

“Armadas de las herramientas teóricas del marxismo, el psicoanálisis y el anticolonialismo, estas obras acuñaron conceptos fundamentales para el análisis feminista como el de patriarcado, género y casta sexual. El patriarcado se define como un sistema de dominación sexual que se concibe, además, como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como la de clase y raza. El género expresa la construcción social de la feminidad y la casta sexual alude a la común experiencia de opresión vivida por todas las mujeres” señala la filósofa y teórica feminista Ana de Miguel.3

Ambas autoras además de su producción teórica también tuvieron una activa participación en los diversos movimientos de mujeres, algo muy frecuente entre las feministas radicales. En ese sentido Kathleen Barry escribe que “la teoría feminista radical es el producto de una comunidad de feministas y surge de la interacción de teoría y praxis (…) Si bien hay diferencias entre nuestras diversas perspectivas teóricas, hay una cosa en la que todas estamos de acuerdo: el poder colectivo e individual del patriarcado (…) es el fundamento de la subordinación de las mujeres”.7

(Texto tomado de Wikipedia)

 

  1.  Willis, “Radical Feminism and Feminist Radicalism”, p. 117.
  2. Volver arriba  Puleo, Alicia. «Lo personal es político: el surgimiento del feminismo radical». Teoría feminista: de la Ilustración a la Globalización. Amorós, Celia Y de Miguel, Ana (Eds.).
  3. ↑ Saltar a: a b c d Ana de Miguel«Los feminismos a través de la historia. Capítulo III»Mujeres en Red. Consultado el 29 de septiembre de 2016.
  4. Volver arriba  Samara de las Heras Aguilera (enero de 2009). «Una aproximación a las teorías feministas». Universitas. Revista de Filosofía, Derecho y Política, nº 9. Consultado el 29 de septiembre de 2016.
  5. Volver arriba  Betty Friedan (1963). «El problema que no tiene nombre»http://www.mujeresenred.net. Consultado el 29 de septiembre de 2016.
  6. ↑ Saltar a: a b Álvarez, Silvina; Sánchez, Cristina (2001-2008). Elena Beltrán y Virginia Maquieira (edi), ed. Feminismos, debates teóricos contemporáneos. Alianza Editorial. Consultado el 29 de septiembre de 2016.
  7. Volver arriba  Barry, Kathlee (1994). «Teoría del feminismo radical: política de la explotación sexual.». C. Armorós “Historia de la Teoría Feminista” Universidad Complutense.feminazis